¿Esto te está moviendo algo?
Una sesión individual puede ayudarte a ordenar lo que sientes y definir un siguiente paso.
una sesión
Hay momentos en los que la vida simplemente deja de hacer sentido. A veces ocurre después de una pérdida importante. Otras veces después de una ruptura, de perder un trabajo, de recibir un diagnóstico médico o incluso en momentos en los que, aparentemente, todo está bien. Y esa es una de las cosas que más confunden:
"¿Cómo es posible que tenga una buena familia, un trabajo estable o personas que me quieren y, aun así, sienta este vacío?"
Como psicóloga, he escuchado esa pregunta muchas veces. Y, siendo honesta, yo también me la he hecho.
Viktor Frankl y la pregunta que cambió la psicología
Viktor Frankl fue un psiquiatra y neurólogo austríaco que sobrevivió a varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
Perdió a gran parte de su familia. Vivió condiciones que resultan difíciles de imaginar. Sin embargo, de esa experiencia nació una de las ideas más influyentes de la psicología existencial.
Frankl decía que al ser humano pueden quitarle muchas cosas, pero hay una que siempre conserva:
La libertad de elegir la actitud con la que responderá a las circunstancias que le toca vivir.
No estaba diciendo que podamos controlar todo lo que nos sucede. Tampoco que debamos ser positivos todo el tiempo. Mucho menos que el sufrimiento sea algo bueno. Lo que proponía era algo mucho más profundo: aunque no elegimos muchas de las situaciones que vivimos, sí podemos decidir qué hacemos con ellas.
Encontrarle sentido a la vida no significa ser feliz todo el tiempo
Creo que una de las ideas que más daño nos ha hecho es creer que el objetivo de la vida es ser felices todo el tiempo. Si esa fuera la meta, la mayoría sentiríamos que estamos fracasando.
La vida incluye alegría, sí. Pero también incluye enfermedad, pérdidas, incertidumbre, decepciones y momentos profundamente dolorosos. Cuando pensamos que deberíamos sentirnos bien siempre, cualquier emoción difícil empieza a parecernos un problema. Pero no lo es. Las emociones incómodas también forman parte de estar vivos.
Por eso, quizá la pregunta no sea:
"¿Cómo puedo ser feliz siempre?"
Sino:
"¿Cómo puedo construir una vida que tenga sentido incluso cuando las cosas no salen como esperaba?"
Entonces... ¿cómo encontrarle sentido a la vida?
No existe una respuesta universal.
Lo que da sentido a mi vida probablemente sea diferente de lo que da sentido a la tuya. Sin embargo, después de acompañar a muchas personas en terapia, hay algunas ideas que suelen repetirse.
1. Deja de buscar una única misión
Muchas personas creen que existe un gran propósito esperándolas en algún lugar, como si un día fueran a despertar y descubrir exactamente para qué nacieron. Pero la realidad suele ser mucho más sencilla. El sentido no siempre aparece de golpe. Muchas veces se construye.
Se encuentra:
En enseñar.
En aprender.
En crear.
En amar.
En acompañar.
En hacer reír a alguien.
En cocinar para la familia.
En trabajar por algo que consideras importante.
No tiene que ser extraordinario para ser profundamente significativo.
2. Pregúntate qué valores quieres que guíen tu vida
Cuando las personas dicen que han perdido el rumbo, muchas veces no han perdido objetivos sino, han perdido conexión con sus valores. Los objetivos cambian. Los valores suelen permanecer.
Por ejemplo, quizá para ti sea importante la honestidad.
O la creatividad.
O la familia.
O el aprendizaje.
O la libertad.
Cuando empiezas a tomar decisiones alineadas con esos valores, incluso los días difíciles pueden sentirse un poco más coherentes, no porque desaparezca el dolor sino porque sabes hacia dónde quieres caminar.
3. Recuerda que el sentido también puede nacer del sufrimiento
Esta probablemente sea la idea más difícil de aceptar.
Encontrar sentido en una experiencia dolorosa no significa agradecer que haya ocurrido. Jamás le diría a alguien que debería sentirse agradecido por haber perdido a un ser querido o por haber vivido una situación traumática. Lo que sí he visto muchas veces es que algunas personas, con el tiempo, consiguen transformar ese dolor en algo que también genera vida.
Hay quienes crean fundaciones.
Otros escriben.
Algunos cambian de profesión.
Muchos desarrollan una sensibilidad que antes no tenían.
En mi caso, vivir el duelo me permitió acompañar de una manera distinta a quienes llegan a consulta atravesando pérdidas importantes. No porque conozca exactamente su dolor, cada historia es única, Pero sí porque sé lo que significa sentir que el mundo cambió para siempre. Y también sé que, poco a poco, es posible volver a encontrar motivos para levantarse por la mañana.
¿Y si siento que mi vida no tiene sentido?
Si hoy te sientes identificado con esa frase, quiero decirte algo. Muchas veces esa sensación aparece cuando estamos atravesando depresión, ansiedad, un duelo, agotamiento emocional o una crisis vital. No significa necesariamente que nunca volverás a sentir ilusión.
Y, aunque en ese momento parezca imposible imaginar un futuro distinto, eso no significa que vaya a ser así para siempre.
A veces necesitamos tiempo.
A veces necesitamos descansar.
Y otras veces necesitamos ayuda.
La terapia psicológica puede ser un espacio para explorar esas preguntas sin presión y sin respuestas prefabricadas. Porque nadie puede decirte cuál debe ser el sentido de tu vida. Pero sí es posible descubrirlo poco a poco cuando alguien te acompaña a mirar tu historia, tus valores y aquello que realmente es importante para ti.
Encontrar sentido no es encontrar todas las respuestas
El sentido de la vida no aparece cuando finalmente entendemos todo, aparece cuando, incluso sin tener todas las respuestas, elegimos seguir participando de la vida. Hay días en los que eso significará hacer grandes cambios y habrá otros en los que el acto más valiente será simplemente levantarte de la cama, preparar un café, salir a caminar o llamar a alguien que quieres. No subestimes esos momentos.
La vida rara vez cambia de un día para otro. Generalmente cambia en pequeños actos repetidos que, con el tiempo, construyen una existencia que se parece cada vez más a la que queremos vivir. Y quizá esa sea una de las formas más bonitas de entender el sentido: no como algo que encontramos de repente, sino como algo que vamos creando con las decisiones que tomamos cada día.